Capítulo 3 – Situación y campo

Capítulo III – Situación y campo

1. Conducta y situación

2. Abstracción de la situación

3. Campo de conducta

4. Subestructuras del campo

5. Coincidencia y disociación de campos

6. Teorema de W. I. Thomas

7. Otro papel de la disociación

Capítulo III

Situación y campo

1. Conducta y situación

La psicología, como otras ciencias, ha considerado al hombre en forma aislada, y a todas sus manifestaciones como productos, atributos o propiedades inherentes a la condición “natural” del hombre. Este enfoque es la lógica extensión a la psicología del supuesto filosófico de que cada sustancia se caracteriza por sus atributos y, por lo tanto, cada objeto posee propiedades peculiares que sólo dependen de él, de su “naturaleza”.

Este enfoque ha entrado, sin embargo, progresivamente en crisis, porque las cualidades de todos los objetos dependen no sólo de la “naturaleza” del objeto, sino que son siempre cualidades relativas, que emergen de las relaciones que se establecen en un momento dado. Las propiedades de los objetos sólo pueden ser definidas en función de un relativismo: el de las condiciones en las que existen en un momento dado. Y esto es vigente para todas las ciencias; un objeto duro lo es a determinada temperatura, presión y humedad de la atmósfera; en condiciones distintas puede ser blando. Un objeto de un color puede ser de un color totalmente distinto en condiciones diferentes. El aire es gaseoso, pero lo es a determinada presión y temperatura; modificando adecuadamente esas condiciones el aire puede ser líquido. El que contemos con condiciones relativamente estables hace que, en general y para un determinado sector del desarrollo de la investigación, las modificaciones relaciónales no cuenten, pero sobrepasado un límite ya no se puede continuar la investigación sin tomar en cuenta este relativismo. En psicología estos hechos son, sin embargo, de una gravitación fundamental: la conducta de un ser humano o de un grupo está siempre en función de las relaciones y condiciones interactuantes en cada momento dado.

En una oportunidad en que se trataba de estudiar en una escuela el juego de los niños durante el recreo, se adujo que la presencia de un observador durante los recreos alteraría el juego natural de los niños. Es evidente que las observaciones recogidas están en cierta medida condicionadas por la presencia del observador, pero nada justifica llamar condiciones naturales a la situación habitual en la que no hay observador. Se hace en estos casos una trasposición de lo que es habitual a la condición de natural, de algo ya dado en la naturaleza de los hechos. El juego de los niños en condiciones habituales depende de todas las condiciones que también son relativas, pero que por habituales pasan inadvertidas, tomando en cuenta solamente al objeto de estudio abstraído de la situación total.

Para estudiar un fenómeno debemos, entonces, hacerlo en función de sus relaciones, en un momento dado. En el ejemplo anterior del juego de los niños durante el recreo, debemos estudiar en este momento, a estos niños, en este recreo y en esta escuela. Ya no es el estudio de un hecho, suceso u objeto aislado tomado “en sí”, sino en las relaciones y condiciones de interacción en cada momento dado. Esto rige, por ejemplo, también en el campo de los productos químicos y su utilización terapéutica. Un derivado barbitúrico no tiene propiedades farmacológicas y químicas por su “naturaleza” exclusiva; es decir, su propiedad de ser hipnótico no sólo depende de la droga sino, además, de las condiciones del organismo y de la relación transferencial con quien la administra; un cambio en esos factores puede hacer que la droga excite y despierte en lugar de dormir, así como una droga puede provocar dolor de cabeza cuando, en otras condiciones, la misma droga lo calma. Seguramente que toda la farmacología debe ser revisada en función de considerar las propiedades, no sólo como inherentes a la naturaleza de un producto, sino como emergentes de una Gestalt.

Esta diferencia, que Lewin ha presentado como un pasaje del pensamiento aristotélico al pensamiento galileano, es de suma importancia para la psicología contemporánea. La conducta del ser humano no es ya una cualidad que emerge de un algo interior y que se despliega en un afuera; no hay que buscar en un “adentro” lo que se manifiesta “afuera”. Las cualidades de un ser humano derivan siempre de su relación con el conjunto de condiciones totales y reales. El conjunto de elementos, hechos, relaciones y condiciones, constituye lo que se denomina situación, que cubre siempre una fase o un cierto período, un tiempo.

Lalande define la situación como el “término empleado por algunos filósofos contemporáneos, especialmente por Dewey, para designar en lenguaje neutro, tal fase determinada de la experiencia, cierto conjunto típico de condiciones concretas, que constituyen o determinan tal estado de la actividad”. En forma coincidente, Fairchild incluye la siguiente definición: “La totalidad de factores, internos y externos, orgánicos y ambientales, de importancia para la conducta que se investiga, tales como aparecen a un observador en un análisis científico objetivo.” Von Uexküll introdujo el término Umwelt para designar así al mundo circundante que es el producto del organismo, pero como se lo confundió con el milieu que es lo que rodea en forma inmediata al organismo, el mismo autor lo reemplazó por Merkwelt (mundo perceptible) con lo cual designa el mundo especial que tiene cada organismo, formado por lo que él recoge o percibe del mundo exterior.

Los seres humanos estudiados en psicología, sea en forma individual o grupal, deben serlo siempre en función y en relación estrecha con el contexto real de todos los factores concretos que configuran la situación. No es lo mismo referirse al hombre de la era industrial que al de la esclavitud, y no es 1q mismo en la era industrial un período de crisis y desocupación que otro de prosperidad. Tampoco son idénticas las situaciones de distintas épocas de la vida de un mismo individuo ni las de sus distintas actividades, incluso en el curso del mismo día; no es totalmente el mismo ser humano ni son las mismas las condiciones exteriores.

2. Abstracción de la situación

A través de múltiples y muy distintas situaciones, podemos sin embargo, reconocer una continuidad del ser humano, sea ya en el curso de la vida individual, ya en el de la colectiva o social. Esto se obtiene a través del proceso de generalización y ampliación de la situación que se considera, de tal manera que cuanto más prolongados son los períodos, las situaciones son menos concretas o específicas y, por lo tanto, más abstractas.

De aquí se pasa, insensiblemente, al hombre abstracto de la psicología tradicional, desvinculado totalmente de relaciones y cuyas cualidades o manifestaciones dependen solamente de su “naturaleza”, de su organización interna. Esto ha conducido a errores que aún rigen, con gran frecuencia, en la psicología, a los que ahora nos queremos referir brevemente.

Uno de ellos consiste en utilizar abstracciones generalizadoras para explicar conductas o sucesos concretos, en forma totalmente desvinculada de la situación. Un ejemplo de ello es la persona que en un momento dado es agresiva; si le digo que su conducta deriva de la situación de abandono por un próximo y prolongado viaje que debo realizar, el sujeto me contesta que no, porque él siempre ha sido una persona agresiva. El ejemplo tiene interés porque no es otra la manera de proceder, aun en la actualidad, de muchos psicólogos de distintas escuelas. Veamos más en detalle y en este ejemplo, la abstracción y su papel en la distorsión de los hechos.

Si se dice que N. es agresivo ahora porque siempre lo es, estamos aajudicando la explicación de un suceso presente a una condición o cualidad que corresponde a la “naturaleza” de N., o bien, a su personalidad.

Aun admitiendo esto último como más correcto que lo primero, la personalidad de N. no consiste sólo en ser agresivo, sino en ser, por ejemplo, muy afectuoso, también muy detallista y correcto en su empleo, etcétera. En su forma de ser, entonces, no sólo cuenta lo agresivo, sino también otras muchas cualidades, que iremos utilizando adecuadamente para explicar las distintas conductas de N. El decir que N. es agresivo es legítimo, pero no lo es el emplear esta generalización como explicación de la conducta agresiva de N. conmigo, porque además N. no es siempre agresivo conmigo. No es correcto este tipo de explicación, porque una generalización se obtiene por abstracción de las situaciones en las que se ha repetido un determinado fenómeno o reacción, pero cada una de esas reacciones se produce en situaciones concretas, que son justamente las que abstraemos. Lo abstracto generaliza lo concreto, pero no lo explica.

Otro de los errores a los que conduce la abstracción, al desvincular los fenómenos de las situaciones en las cuales aparecen, es tomar la secuencia de los fenómenos como una relación de causa a efecto. Si, en la misma situación del ejemplo anterior, N. deja de manifestarse agresivo pero es aquejado por un fuerte dolor de cabeza, ambos son fenómenos que se producen en una situación definida y concreta, y se comete un error si se considera la agresión como causa del dolor de cabeza que le sigue en orden de aparición.

Otra consecuencia de la abstracción de las situaciones es el desdoblamiento del fenómeno en una entelequia, en un doble interior, al que se adjudica la aparición de los fenómenos concretos; de esa manera, la agresión se transforma en una fuerza o instinto agresivo, con cuya invocación se supone explicado el fenómeno.

3. Campo de conducta

La situación comprende y ubica los fenómenos que queremos estudiar en un marco demasiado amplio, y aunque constituye un concepto necesario y útil, se plantea la exigencia metodológica de reducir su amplitud para poder estudiar los fenómenos con mayor precisión; esta necesidad se llena satisfactoriamente con el concepto de campo. Este último no es otra cosa que la situación total considerada en un momento dado, es decir, es un corte hipotético y transversal de la situación.

Se define un campo como el conjunto de elementos coexistentes e interactuantes en un momento dado. El concepto proviene de la física, donde fue introducido por Faraday, Maxwell, Hertz y traído y estudiado en la psicología especialmente por K. Lewin, quien da la siguiente definición: “Totalidad de hechos coexistentes concebidos como mutuamente interdependientes”. Por hechos interdependientes se entienden personas y objetos.

El campo es dinámico, se está permanentemente reestructurando y nidificando, por lo cual el estudio de un campo como un corte es siempre un artificio, que se puede obviar en gran medida con el estudio de campos sucesivos y continuos. Incluye siempre, como uno de sus elementos integrantes, al sujeto o partes de su personalidad (Yo).

La conducta es siempre el emergente de un campo, emergente que puede recaer en forma predominante sobre el individuo o sobre los otros elementos que lo integran. La parte del campo o de la situación que rodea al individuo se denomina entorno o medio, reservándose la designación de medio ambiente para el entorno social, humano.

La relación sujeto-medio no es, entonces, una simple relación lineal de causa a efecto entre dos objetos distintos y separados, sino que ambos son integrantes de una sola estructura total, en la que el agente es siempre la totalidad del campo y los efectos se producen también sobre, o dentro de él mismo, como unidad. La conducta es, así, una modificación del campo y no una mera exteriorización de cualidades internas del sujeto ni tampoco un simple reflejo o respuesta lineal a estímulos externos.

Todo campo y toda situación son siempre originales y únicos, en el sentido de que no se repiten jamás totalmente de la misma manera.

4. Subestructuras del campo

Hasta aquí hemos estudiado el campo de conducta como una unidad, en el que ahora tenemos que distinguir subestructuras o subunidades, que a su vez denominaremos también como campos; son dos, de los cuales uno se subdivide.

Campo ambiental o geográfico: está constituido por el conjunto de elementos, condiciones y sucesos (incluyendo el o los individuos), tal como puede ser descripto y comprendido objetivamente en su estructura.

Campo psicológico: comprende la configuración o estructura particular que para el sujeto o el grupo tiene, en un momento dado, el campo ambiental o geográfico; el campo psicológico aparece, en realidad, implicado en la conducta misma. Si en el aula de una clase (campo ambiental), un niño se comporta como si estuviese en su casa con su madre, este último es el ¡campo psicológico, que aparece implicado en la conducta y —para el sujeto— superpuesto o predominando sobre el campo ambiental.

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Fig. 4. Subestructuras de campos

Dentro del campo psicológico y formando parte de él, podemos describir c) el Campo de conciencia, que es la configuración que tiene el campo ambiental para la conducta consciente o simbólica del sujeto o del grupo considerado. No se halla constituido solamente por el conjunto de experiencias que aparecen conscientemente en forma simultánea, sino que además —como para el caso del campo psicológico— el campo de conciencia está implicado en la conducta en el área uno o simbólica.

Dicho en otros términos, el campo psicológico es el campo implicado en la conducta, en las tres áreas. Reservamos para el área uno o simbólica, la denominación de campo de conciencia y para el conjunto de las áreas dos y tres, el nombre de campo psicológico propiamente dicho. Adoptamos para los mismos el gráfico de la figura 4.

5. Coincidencia y disociación de campos

El campo ambiental constituye la realidad vista desde el exterior y es el contexto de toda conducta, no se refiere al conjunto de elementos concretos situados en un ámbito espacial, sino que abarca también el sentido que tiene su organización, su estructura, considerada en su unidad y totalidad. Todo conjunto de elementos está siempre ligado a la actividad de los seres humanos en forma indefectible, en el sentido de que implica, en forma concreta o virtual, otros individuos, ciertas pautas y normas sociales. De esta manera, un campo ambiental no es una mera descripción de objetos aislados como, por ejemplo, una mesa, silla, bancos y pizarrón, sino que implica indefectiblemente el sentido de la totalidad, como, por ejemplo, una sala de conferencias o una clase.

El campo psicológico, en ese campo ambiental, no está únicamente integrado por la conducta de un individuo o del grupo en las tres áreas, sino además por el contexto implícito en esas manifestaciones de con-

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Fig. 5. Disociación de campos

ducta: gestos, actitudes, acciones, pensamientos, aspiraciones. Cuando el contexto psicológico de esos fenómenos (campo psicológico) coincide con el campo ambiental, decimos que el individuo o el grupo actúa con sentido de realidad, es decir, que coinciden los tres campos, y el sujeto o el grupo se comporta en forma adaptada a la realidad. El esquema que le corresponde es el presentado más arriba. (Fig. 4.)

Si, por ejemplo, en este campo ambiental (la clase), un alumno piensa en un espectáculo al que tiene que concurrir al día siguiente y tiene una actitud corporal en relación con esos pensamientos, su campo psicológico ya no coincide con el ambiental. En ese caso decimos que hay una disociación entre ambos. (Fig. 5.)

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Fig. 6. Disociación de campos

En esta disociación se ha perdido el sentido de realidad en ese momento, porque el individuo no tiene su conducta en concordancia con el campo ambiental, sino con un campo disociado y distinto del mismo. Observemos, además, que la conducta en área uno y en áreas dos y tres proviene de un mismo campo psicológico y no que las conductas de áreas dos y tres se originan en la conducta de área uno; en otros términos, el sujeto no tiene una actitud corporal determinada por el hecho de que esté pensando en el espectáculo de mañana, sino que todas sus manifestaciones son emergentes de su campo psicológico.

La discordancia de este tipo de disociación, tanto como el grado de reversibilidad y rectificación, constituyen elementos fundamentales para valorar la pérdida del sentido de realidad, que va desde un grado mínimo y/o pasajero, como en la distracción o el sueño, a los grados máximos y estabilizados o permanentes de los trastornos psicóticos.

Otro ejemplo de este mismo tipo de disociación lo tenemos en el caso del miembro fantasma y otras alteraciones del esquema corporal: una persona a quien se le ha amputado una pierna (campo ambiental) continúa contando con ella en su campo psicológico y actúa entonces en función de este último. (Fig. 5.)

Otro tipo de disociación distinto lo tenemos, por ejemplo, en el caso de una persona que puesta frente al espejo intente, por ejemplo, tocarse con la mano derecha el lóbulo de la oreja izquierda, pudiendo ocurrir que lo que logre sea tocarse la oreja del mismo lado. En este caso, es el campo psicológico propiamente dicho (B) el que está disociado de los otros dos, y el esquema representativo sería el de la figura 6.

Otro ejemplo que corresponde a este mismo tipo de disociación es el caso de saber que en mi casa no funciona hoy la luz eléctrica (campo de conciencia) y, sin embargo, entro a una habitación y giro la llave, más tarde aprieto el botón del acondicionador de aire y pido que se me traiga una bebida helada de la heladera eléctrica. En este caso ha ocurrido una disociación entre el campo psicológico, por un lado, con el campo de conciencia y el ambiental, por otro, y en este caso coinciden entre sí estos dos últimos.

Este último tipo de disociación es el que se da también en los trastornos psiquiátricos graves denominados caracteropatías, incluyendo en estas últimas las perversiones.

La disociación entre C por un lado y A y B por otro, es una posibilidad más de estas discordancias entre las estructuras del campo; ocurre en el caso del ejemplo de la clase, cuando el individuo piensa en el espectáculo de mañana, pero toda su actitud corporal corresponde a un estar presente y participando de la clase. (Fig. 7.)

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Fig. 7. Disociación de campos

Todas estas disociaciones entre los campos están implicadas en las respectivas disociaciones entre las áreas de conducta y no constituyen fenómenos separados, sino conjuntos, que se dan unitariamente en lo que se denomina las divisiones esquizoides. El tener en cuenta no sólo los fenómenos de conducta, sino también los campos que ellos implican, además de ampliar nuestro conocimiento de los hechos que estudiamos, nos permite comprender gran cantidad de fenómenos normales y patológicos. Tampoco nos detendremos a reseñar el aporte que esto puede significar para el estudio y la investigación en otras disciplinas, especialmente la sociología del conocimiento.

Habrá aún que aclarar que estas disociaciones entre los campos no borran los nexos genéticos que los unen, sino que los considera tal como se presentan en un momento dado. El campo psicológico con el cual se actúa o piensa en un momento dado corresponde siempre, genéticamente, a otro campo ambiental, pero de otro momento de la vida del sujeto o del grupo. Por otra parte, si en un campo ambiental presente aparece un campo psicológico distinto, que genéticamente corresponde a otra situación, de todas maneras la desvinculación no es siempre absoluta, porque para ese individuo en el campo ambiental presente existen elementos que activan su pasado y lo pueden, además, ubicar prospectivamente en un suceso futuro. Un campo ambiental presente activa siempre determinados aspectos de la historia, tanto como de la prospectiva (ideales, aspiraciones), que pueden, por otra parte, ser rectificados. A la totalidad de los puntos de vista sobre el futuro y el pasado psicológico, en un momento dado, Lewin llamó “perspectiva temporal”.

L.L., en la fábrica donde es uno de los propietarios, reacciona con cólera y miedo cuando, en un momento dado, ve hablar al contador de la empresa con uno de sus socios. El campo ambiental está disociado del psicológico, tomado este último en su totalidad, porque su reacción, en ese momento, se corresponde con una situación anterior en que L.L. revisaba los libros con su contador, temiendo que éste hallara una sustracción de dinero que L.L. había efectuado para sí, computándolo como un gasto de la empresa. Su conducta, por lo tanto, no es el producto directo del campo ambiental presente, actuando en forma única y aislada, sino que éste activa un campo psicológico que se correspondía con un momento anterior, que de esta manera participa también ahora activamente en el condicionamiento y aparición de la cólera y el miedo.

Las relaciones en que se encuentran en un momento dado los campos (A, B y C) pueden ser estables (estereotipadas) o variables (plásticas), y es solamente en esta última condición en la que el sujeto, en un permanente interjuego con la realidad, puede alcanzar una concordancia entre las estructuras del campo y, por lo tanto, una imagen más real del mundo, un mejor sentido de la realidad y una mayor madurez en su personificación. Si, como siempre ocurre, del conocimiento y relaciones entre los campos, es decir, del estudio metodológicamente necesario de momentos del proceso de la conducta, se infieren —sin más— conclusiones metafísicas y sociológicas, se cae en un profundo error, del cual no hay que responsabilizar a la psicología, sino a la forma en que se las usa. La conducta de los seres humanos es siempre un producto social que a su vez interactúa, como fuerza social, con la realidad. Las disociaciones surgen en cuanto la realidad social es siempre y permanentemente cambiante, mientras que su reflejo, la conducta y el campo psicológico, pueden estereotiparse y perdurar más allá del campo ambiental en el cual originariamente se han constituido.

El tema de la disociación de los campos y de las conductas es vastísimo y abarca problemas de gran trascendencia. Uno de ellos es el de la falsa conciencia, que consiste en el hecho de que se puede vivir en determinadas condiciones, mientras que la conciencia que se tiene de dichas condiciones no corresponde a la realidad. Como vemos, estamos frente a otro ejemplo de división y disociación de campos.

Muy ligado a todo lo expuesto está el problema de los cambios de ambiente, con dificultad para el cambio concomitante en el campo psicológico, de tal manera que para poder seguir utilizando el mismo repertorio de conductas, el sujeto estructura el nuevo campo ambiental de manera que responda a la estructura del antiguo campo psicológico. Es el caso, por ejemplo, de las personas a quienes se les repiten las mismas cosas en el curso de su vida, sin saber que ellos mismos están estructurando el campo ambiental en concordancia con su campo psicológico.

6. Teorema de W. I. Thomas

El teorema de Thomas -según Merton— postula que “si el hombre define situaciones como reales, ellas son reales en sus consecuencias”. En esto encontramos, otra vez, la cuestión que desarrollamos en este capítulo: el campo de la conducta. Los seres humanos se comportan según la estructura de su campo psicológico, es decir, según la estructura que para ellos tiene, en cada momento, el campo ambiental, y dicha conducta deviene, a su vez, parte integrante de la nueva situación y tiene efectos sobre el desarrollo ulterior de esta última. De tal manera, los seres humanos responden al significado que dan a las situaciones, y en cuanto se asigna una significación, “la conducta consecuente y algunas consecuencias de esta conducta están determinadas por este significado”.

Merton relaciona el teorema de Thomas con lo que él mismo llama la “predicción creadora”, que consiste en el hecho de que la predicción de un suceso actúa ya como causa para originarlo. Según el propio Merton, se trata de “un mecanismo por el cual un error de buena fe engendra su propia realización ilegítima, produciendo las mismas circunstancias que erróneamente se supuso existir”.

La predicción de una situación es ya una conducta, que se hace parte integrante de una nueva situación y tiene efecto en el desarrollo subsecuente de la nueva situación y la nueva conducta. La predicción creadora es, al comienzo, una falsa definición de la situación, pero, de todos modos, configura un campo psicológico que evoca una nueva conducta, que convierte en real la concepción originalmente falsa.

La relación, coincidencia, contradicción e integración de las distintas estructuras de la situación y del campo tienen su dinámica y su relativa autonomía. La predicción creadora tiene su vigencia —relativa siempre-en el campo de las relaciones humanas y no en el mundo de la naturaleza. Lo que los seres humanos creemos o profetizamos sobre la órbita de un planeta, por ejemplo, evidentemente no lo influye ni lo modifica. Sin embargo, la división entre hecho humano y hecho natural no es tampoco aquí muy neta. Cualquier predicción sobre un asunto humano no es, por si sola, creadora de las condiciones que lo realizan, y hay hechos naturales sobre los cuales nuestras creencias pueden influir; si creemos y estamos firmemente convencidos de la total destrucción de la vida por el empleo, que creemos inevitable, de la bomba atómica, esta creencia puede actuar como concausa. Y la profecía opuesta, también. Entiéndase que tales -ausas no actúan nunca en forma aislada y por sí, pero, en ciertas circuns-ncias, pueden tener un peso particular. Si de esto se deduce que la realí-a es según la pensamos o creemos los seres humanos, se subvierte una verdad relativa (que es cierta como momento del suceder humano) en una modificación idealista. Y de esto no tiene la responsabilidad la psicología, sino aquellos que la utilizan de ese modo.

Un ejemplo ilustrativo que da Merton es el de un banco sobre el que se difunde el rumor, falso, de su insolvencia y su quiebra económica. Este rumor hace que los inversores acudan en masa a retirar sus inversiones, y la demanda masiva produce realmente la insolvencia y la quiebra pronosticada.

Un individuo que se cree ladrón creará situaciones en las que los demás desconfiarán de él. Es posible que resulte más correcto hablar para estos fenómenos de “campos psicológicos autorrealizadores”, en lugar de “predicción creadora”, porque el fenómeno es mucho más amplio que lo que abarca esta última denominación. Tampoco corresponde limitar el fenómeno, como lo hace Merton, a las ideas falsas o a los errores de buena fe.

El campo que se autorrealiza no es sólo el campo de conciencia, sino el campo psicológico en su totalidad, de tal manera que lo que se realiza puede no ser una creencia (campo de conciencia), sino un campo psicológico inconsciente y aun indeseable para el mismo sujeto. Freud estudió este fenómeno con el nombre de impulso de repetición.

El papel de las creencias, teorías e ideologías, como fuerzas para encauzar, manejar o modificar la realidad, se relaciona con todo esto que estamos describiendo, pero aquí se agrega el papel “realizador” de todas las conductas y no sólo de las del área simbólica (creencias, teorías, ideologías, etcétera), además de aquellos efectos que no son deseados o que, inclusive, resultan perjudiciales.

Es menester señalar el hecho de que no existe ningún campo psicológico que no esté relacionado con un campo ambiental; inclusive las ideas falsas y las predicciones erróneas son siempre emergentes de una situación real, objetiva. Es decir, un campo psicológico se configura siempre como emergente de un campo ambiental, aun entrando en contradicción con este último. El “campo psicológico autorrealizador” refleja, por lo tanto, ciertos elementos o ciertas estructuras del campo ambiental. Más que predicción, sería en buena medida un indicador o un índice de lo que ya está ocurriendo, aun en proporciones mínimas. Este fenómeno se observa con cierta mayor claridad en el campo de la psicopatología, en la que, por ejemplo, se puede utilizar un sueño como predicción de una enfermedad que aparece ulteriormente. Sin embargo, es más comprensible todo el fenómeno cuando se considera que el sueño es una resultante precoz o anticipada de la enfermedad, que ya existe en forma latente o encubierta y, en este sentido, el sueño no puede ser considerado como una predicción que luego se cumple, sino como un índice de lo que ya está ocurriendo. Entre otros casos hemos visto, por ejemplo, el de una persona que en momentos de frustración simulaba ataques epilépticos muy burdos, pero a la que en el curso de los años sobrevinieron ataques epilépticos reales indudables. Los ataques simulados no pueden ser considerados tampoco en este caso, en rigor, como predicciones que se autorrealizan, sino como productos, ya, de una situación conflictiva, tanto como las crisis epilépticas mismas. En síntesis, todo lo que aparece en el campo psicológico es un emergente de un campo ambiental y nunca puede ser independiente o aislado de este último. Aun las ideas falsas, tanto como el delirio o la alucinación, reflejan elementos reales del campo ambiental.

7. Otro papel de la disociación

Hasta ahora hemos considerado la división esquizoide (entre áreas de conducta tanto como entre campos) como un proceso que puede parecer (especialmente en algunos ejemplos) totalmente negativo o patológico. Sin embargo, el papel que juega la disociación puede ser muy diferente, en el sentido de que, en algunos casos, es condición necesaria y útil para la adaptación y adecuación —por lo menos en parte— a la realidad.

Un estudiante que rinde examen mantiene entre sus dedos una meda-llita a la que permanentemente hace rotar. Su campo de conciencia y el ambiental coinciden, mientras que parte del campo psicológico, a través de su conducta con la medallita, tiene una configuración disociada de las anteriores, implicando otra situación y otro vínculo con el cual se siente más protegido, a manera de un ritual.

Este ejemplo nos señala, además, que las disociaciones no sólo ocurren entre los campos, sino que pueden existir dentro de cada campo, es decir, que ocurre también lo que podríamos llamar disociaciones parciales. Lo que queremos señalar es que la disociación puede implicar una condición necesaria o imprescindible, para un mejor sentido de la realidad, en la parte en concordancia con la misma. Se “sacrifica” una parte de la personalidad, para “salvar” la otra. En el ejemplo anterior, si el estudiante no tuviera parte de su personalidad incluida en un campo psicológico disociado, en el cual controla sus temores al examen con un ritual, sucumbiría totalmente a dicho miedo y su examen se haría imposible. Por otra parte, subrayamos que la disociación de las áreas de conducta implica la de los campos respectivos y viceversa, y que no pueden presentarse áreas sin conductas, ni tampoco lo contrario.

Horarios de Ricci

HORARIOS DE CÁTEDRA DISPONIBLES DE RICCI:

– Martes: dos últimos módulos (1° 3ra Naturales).

– Miércoles: dos primeros módulos (1° 1ra Naturales).

– Viernes: dos últimos módulos (1° 1ra Sociales).

 

Esto es para aquellas personas que desean cambiarse de profesora y partir el curso a la mitad.

 

Gracias a Yani Surita por la info.

Capítulo 1 – la psicologia y el ser humano

Aca está el texto del capitulo 1 de “Psicologia De La Conducta – Bleger, Jose”.

La fotocopia no se ve muy bien y hasta es un poco chica.

 

Capítulo 1

La psicología y el ser humano

 

1. Enfoque de la psicología

Es muy difícil poder precisar en una definición escueta lo que es la psicología, tanto como lo es delimitar exactamente el objeto de cualquier ciencia. Las definiciones se incluyen siempre al comienzo de los libros y sólo se comprenden al final, cuando ya se tiene una perspectiva total de la materia. En un intento de resolver o eludir la estrechez de las definiciones, se ha dicho de otro campo científico (la sociología), que ella es lo que hacen los sociólogos. Si trasplantamos esta fórmula a la psicología, no adelantamos nada, porque además de constituir un truismo o una tautología, las disciplinas psicológicas no tienen todavía tan plenamente ganado un terreno, como actividad práctica u oficio, como lo tiene el sociólogo; en la sociología, según lo describieron distintos autores, la práctica precedió a la sistematización teórica y se inicia como una paraciencia, mientras que en la psicología la teoría y la especulación filosófica precedieron a la práctica y aun en gran medida, todavía ahora, la remplazan; como lo dice Boring, la psicología vino primero, los psicólogos vinieron más tarde.

La psicología llega muy tarde a estructurarse como campo científico. Como todas las ciencias, se separa muy gradualmente de la filosofía, aunque conservando con ella muy estrechos lazos. El término psicología data del siglo XVI, pero aún en el siglo XVIII era muy raro su empleo; adoptado por Kant, se difundió posteriormente. Comte no la incluyó de manera especial en su clasificación de las ciencias, y aún en la actualidad tiene que enfrentar muchas resistencias y desconfianzas; tanto la idealización como el desprecio representan verdaderas trabas en su desarrollo.

El conocimiento científico incrementa nuestro poder real sobre las cosas, pero aminora y lesiona nuestra fantasía y nuestra omnipotencia mágica. Freud señaló que tres son los descubrimientos que más han lesionado nuestro narcisismo: el de que nuestro planeta no es el centro del universo, sino uno de los tantos, entre los que no ocupa ningún puesto de privilegio; en segundo lugar, el de que no somos los reyes de la creación, sino productos de la evolución de las especies animales; y en tercer lugar, en orden cronológico, el de que no somos seres íntegramente racionales, sino que buena parte de nuestra conducta es desconocida, en sus motivaciones, por nosotros mismos. El estudio de las cosas del cielo y de la tierra no se ha hecho sin esfuerzos ni sin ansiedades, pero éstos se potencian en el caso de estudiarse el ser humano a sí mismo. Por ello, las ciencias del hombre llegan tarde y se hallan aún en período formativo.

Las ciencias naturales han tenido, en su tiempo, que vencer también fuertes resistencias, similares a las que se presentan en la actualidad para el caso de las ciencias del hombre, especialmente la psicología y la sociología. Pero también esta resistencia es tanto mayor cuanto más se acerca e incluye al propio ser humano; la física y la química, como observa Fenichel, vencieron la resistencia antes que la biología, y ésta, antes que la anatomía y la fisiología. Estas, a su vez, antes que la psicología. No está muy lejano el tiempo en que al anatomista y al patólogo les estaba prohibida muy severamente la disección de los cadáveres. Seguramente que este desarrollo no tiene exclusivamente sus causas en la evolución de las resistencias psicológicas ni en un puro progreso en el dominio de las ideas, pero no es menos cierto que esta resistencia actúa en algunos momentos, en forma independiente y muy intensa. El desarrollo de la ciencia se halla muy vinculado al desarrollo de la sociedad humana y a la de sus necesidades técnicas o, en otros términos, a la necesidad de supervivencia de la especie. Hasta ahora, todo progreso científico ha propulsado los factores de cambio social que, por supuesto, entran en pugna con todas las fuerzas sociales que tienden a la preservación de una configuración social dada. De esta manera, los avances y retrocesos científicos y filosóficos se hallan ligados a complejos procesos históricos de intereses de clases en conflicto.

 

2. La psicología y su objeto de estudio

Ateniéndonos exclusivamente al hombre, y según todo lo que llevamos expuesto hasta aquí, podemos decir que la psicología estudia los seres humanos, pero que indudablemente con esto no queda configurado ni delimitado con exactitud su campo de operación, porque muchas otras ciencias se ocupan del hombre y lo enfocan como objeto de estudio (historia, antropología, filosofía, sociología, etcétera).

Si, de acuerdo con esto, la psicología tiene un objeto de estudio en común con muchas otras disciplinas, la identidad de cada una de éstas y la respectiva delimitación de las mismas sólo puede hacerse a través de dos caminos: considerar que cada una de ellas toma una parte del objeto para su estudio, o bien que cada una de ellas enfoca de una manera exclusiva y privativa el mismo fenómeno, enfoque exclusivo que corresponde a un grupo, clase o nivel de las cualidades del objeto. Creemos que __en términos generales- el primer criterio ha privado en la historia de la psicología, mientras que el segundo es el que desarrollaremos aquí y que no debe ser confundido con la posición que explica y admite solamente la existencia de “puntos de vista” distintos para el mismo suceso o cualidad.

Entre las disciplinas científicas, se puede reconocer un grupo que se caracteriza por tener un objeto propio de estudio, que le pertenece en totalidad: los seres vivos son estudiados por la biología y los astros por la astronomía; otro grupo recibe su denominación y se configura, o se configuró inicialmente, por el empleo de un instrumento de investigación: microbiología, espectroscopia, ultramicroscopía, etcétera. Otro grupo de ciencias estudia aspectos distintos de un mismo objeto: la química y la física estudian los mismos objetos, diferenciándose en la forma en que lo hacen, formas que se corresponden con dos aspectos o cualidades distintas, reales, del mismo objeto; una mesa, un músculo, pueden ser estudiados tanto por la física como por la química. Esto no pretende ser una clasificación de las ciencias, sino un cuadro que nos sirva de orientación para ubicar la psicología. Además, las delimitaciones son válidas sólo en cierta medida, porque los fenómenos, en la realidad, se superponen, continúan o suceden.

Con respecto a la psicología, podemos decir que estudia los seres humanos, pero lo hace desde un ángulo o enfoque particular, que responde a la necesidad de atender determinado plano de su organización como seres vivos. La psicología no es la única que estudia al hombre y, por lo tanto, comparte su objeto con otras ciencias. Los intentos de hallar un objeto específico y privativo para cada ciencia tienen mucha relación con los supuestos metafísicos de estudiar entidades o sustancias, y estas falacias han conducido históricamente a la psicología a definir su objeto de estudio como el alma, la conciencia, la mente o el psiquismo, olvidando que éstas son entidades abstractas con las cuales sé reemplazan los fenómenos concretos. Con este tipo de definición, el objeto de estudio no queda claramente delimitado, sino que, por el contrario, se desemboca en una complicada mitología de la que aún no se han desembarazado del todo las modernas corrientes psicológicas. Estas definiciones estructuran una psicología verbalista, o bien se desarrolla una contradicción entre los fenómenos concretos estudiados y las respectivas formulaciones teóricas.

No hay tal cosa como alma, psique, mente o conciencia; hay sí, fenómenos psicológicos o mentales, pero el atributo no debe ser transformado en sujeto ni en sustancia.

Por todo ello, nos parece importante partir de la afirmación de que la psicología estudia, o debe estudiar, seres humanos reales y concretos. Sabemos que el planteo de un problema implica un encuadre o limitación de las respuestas al mismo; ya Sócrates decía que el que responde a una pregunta no es el que la contesta, sino el que la formula. Si la psicología estudia al hombre, siempre se halla implícita en ella una determinada concepción del mismo. Inclusive dentro de la psicología que se define como el estudio de la mente o el alma, se halla incluida una concepción del hombre que éste tiene de sí mismo en un determinado momento histórico; porque estos supuestos no son meras especulaciones que surgen por sí mismas de una actitud totalmente contemplativa, sino que se hallan siempre vinculados a las características culturales, sociales, de cada época. Cada organización histórico-social tiene un tipo de imagen de sí misma.

Nos interesa partir de una concepción científica del hombre, a la cual ya ha contribuido la psicología misma, y -como núcleo fundamental-oponernos a algunas falacias, con las que históricamente se ha constituido la psicología tradicional, pero que subsisten en cierta medida aún en la psicología contemporánea.

 

3. El mito del hombre natural

Se postula, en este tipo de concepción, la existencia de un estado o esencia originaria del ser humano, que se ha corrompido o distorsionado por la influencia de la civilización; en pugna con lo socialmente adquirido, que constituye lo artificial, el estado natural del hombre es sustentado como lo genuino o ideal. De aquí se ha inferido en algunas oportunidades que el camino correcto es el de la “vuelta a la naturaleza”, el retorno al estado originario, natural, desechando o apartando todo lo culturalmente adquirido y condicionado en el ser humano.

Es evidente, en esta hipótesis, la tradición religiosa de la misma, aunque ha sido sustentada por autores no religiosos. En la actualidad tiene un valor histórico, pero no es infrecuente encontrar que forma parte de la posición teórica o del esquema referencial de algunos desarrollos psicológicos.

En este tipo de postulación se implica que el hombre natural es bueno, y tiene cualidades que se pierden o perturban por influencia de la organización social; de tal manera se llegó a construir una imagen de este tipo ideal de ser humano, o a suponerlo existente en culturas o poblaciones de organización primitiva. El desarrollo de la cultura da, así, un barniz superficial al ser humano, pero por debajo de éste se halla su naturaleza originaria, que de esta manera es inamovible y fija, y puede ser reencontrada o puesta nuevamente en primer término.

En este aspecto, sostuvieron posiciones similares autores tan diversos como Rousseau, Klages y Lessing; en el siglo diecisiete Hobbes, Spinoza y Lócke postulaban un “estado natural” anterior a la civilización, y ello implicaba considerar a esta última como artificial y convencional. Para Rousseau, las artes y las ciencias han producido una decadencia del ser primitivo, esencialmente bueno, que así se ha corrompido por la influencia cultural, apartándose de su relación directa y sana con la naturaleza y de su bondad originaria; la cultura es algo artificioso, y por ser antinatural provoca la decadencia del ser humano. Más modernamente, Klages sostuvo una oposición entre alma y espíritu; la primera se halla en relación directa e inmediata con la naturaleza, mientras que el espíritu es la esfera racional, la fuerza lógica que destruye progresivamente a la primera. Lessing desarrolló también un “naturalismo” como la fuente auténtica de la vida, distorsionada por la acción de los hombres.

En la teoría del “hombre natural” hay que reconocer, según lo establece correctamente Bidney, dos cosas diferentes: por un lado la suposición de un estado natural prehistórico originario, del cual ha emergido el hombre actual, y -en segundo lugar y por otra parte- un estado universal presente, por el cual el hombre en todos los lugares y en todos los tiempos es el mismo; no se trata, en este último caso, de una condición genética pretérita, sino de una condición universal del ser humano que subsiste como tal por debajo de las modificaciones culturales, que son así meramente superficiales.

Sabemos en la actualidad que no existe tal “hombre natural”, y que esta teoría es la prolongación, en el campo científico, de una fantasía de carácter religioso, que supone al hombre engendrado en forma “pura” Por las manos de Dios, para luego sufrir una decadencia o “caída” en el pecado y la culpa. La teoría del hombre natural no es tampoco una postulación aislada, sino que integra o forma parte de toda una concepción que considera el mundo total como invariable y fijo, y que, además del hombre natural, postula una justicia natural, un derecho natural, etcétera. En otros términos, es parte de una ideología.

Las investigaciones antropológicas han demostrado, en forma incontrovertible, que los individuos de culturas primitivas tampoco son seres naturales, y que su personalidad está funcionalmente correlacionada con la estructura total de su respectiva organización social, que tampoco es simple y sencilla, sino altamente compleja.

Sabemos que el hombre es un producto histórico; transfórmala naturaleza y, en ese proceso, crea la cultura y transforma su propia naturaleza. Con el hombre aparece una nueva manera de adaptarse: la de crear nuevas condiciones ambientales transformando el medio natural, y este proceso lo puede realizar, en parte, previendo los resultados y los objetivos. El hombre mismo es también producto de un desarrollo histórico y deviene una nueva naturaleza: la humana.

 

4. El hombre aislado

Es otro de los supuestos muy enraizados en nuestra cultura y, por lo tanto, en nuestras teorías científicas. Se supone que el ser humano es originaria y primitivamente —tanto como especie cuanto como individuo— un ser aislado, no social, que asimila con esfuerzo y gradualmente la necesidad de relacionarse con otros individuos; de esta manera, un problema que se planteaba a la psicología era el de investigar cómo los seres humanos entran en relación los unos con los otros y, para ello, se emitió la hipótesis -entre otras— de un instinto gregario o de una energía especial, la libido.

Esta abstracción está muy estrechamente relacionada con la anterior, la del hombre natural, y ambas pasan por alto el hecho de que el hombre sólo es tal en función de ser social y que, incluso, el alto grado de individualidad del cual es un reflejo este postulado, es también un producto social. En síntesis, se puede decir que aun este hombre aislado, que toma en cuenta con frecuencia la psicología, es también un producto social, y que esta teoría, llamada por algunos la teoría de los Robinson Crusoe, no tiene ningún fundamento valedero.

El problema viene justamente, en la actualidad, a plantearse en términos totalmente invertidos; ya no se trata de saber cómo individuos aislados devienen seres sociales, sino cómo de integrantes de una cultura y de seres eminentemente sociales, llegan a producirse o resultar hombres aislados. Inclusive, desde el punto de vista de su desarrollo biológico a partir de la vida intrauterina, el ser humano vive en una intensa y profunda compenetración con la vida de otros seres humanos, en una- verdadera situación simbiótica, y la investigación recae en el complejo proceso de aculturación por el cual se pasa de esta condición indivisa, primitivamente no diferenciada, a la condición de individuo y persona.

 

5. El hombre abstracto

Es uno de los errores conceptuales y metodológicos más serios en que se incurre en el campo de la psicología, por derivación del error filosófico correspondiente. Consiste en estudiar al ser humano como determinado, aislado de las situaciones reales, históricas y presentes, en las que transcurre su vida, se forma su personalidad y se establecen sus relaciones de todo tipo.

De esto resulta que cuanto más abstracto es el hombre que se estudia, más idénticas resultan todas sus características y más fijas, eternas e inmutables las categorías que se elaboran. La abstracción conduce tanto a la concepción del hombre aislado como a la del hombre natural, descartando las variantes sociales y culturales como agregados no sustanciales del ser humano, que se superponen e incluso subvierten una primitiva naturaleza.

Esto ha conducido a generalizaciones y conclusiones erróneas, a conceptos y nociones estériles, y a una mitología de entidades psicológicas. Pero además, como lo expresa Foucault, “tratándose de los hombres, la abstracción no es solamente un error intelectual”, porque trasciende como ideología no sólo al campo científico, sino también al campo político y social, como instrumento de dominio y control.

Por lo contrario, la psicología moderna tiende a considerar todos los fenómenos psicológicos como derivados de determinadas relaciones e interacciones concretas del ser humano, como ser social, con las situaciones reales de su vida. Este es el aspecto que, aun con inconsecuencias y errores diversos, incorpora a la psicología el advenimiento de las distintas escuelas de los últimos cincuenta o sesenta años, y éste es el déficit más serio de la psicología tradicional. En esta última se estudia al hombre en general, la percepción y la memoria, por ejemplo, como entidades en sí, y no a este hombre que percibe o que recuerda, a esto que es percibido y recordado, en esta estructura social y económica, en este momento y en esta situación.

Este proceso de abstracción, realismo y formalismo de la psicología tradicional y el papel innovador de las corrientes psicológicas modernas han sido analizados en forma talentosa por Politzer, a cuyo libro remitimos al lector interesado.

 

6. Individuo-sociedad

Es una falsa antinomia de la cual aún está profundamente impregnada la psicología, tanto como otros campos científicos. Supone que el individuo está limitado, distorsionado o coaccionado por la organización social. Se relaciona muy estrechamente con la concepción del hombre aislado, en cuanto supone que para lograr los beneficios de la vida social, los seres humanos hemos tenido y tenemos que sacrificar la satisfacción de tendencias individuales, que son incompatibles con las normas sociales y la organización cultural en general.

Estos supuestos tienden a ocultar el ingrediente irracional de la organización social, adjudicándolo a una primitiva organización animal del ser humano que aún subsiste en cada uno de nosotros, con lo que se salva superficialmente una contradicción profunda implícita en la misma estructura social. Esta es, en sí, compleja y contradictoria, y tales contradicciones se reflejan en el ser humano, social e individualmente considerado. Se trata así de “salvar” la sociedad en su organización presente, considerando malo y animal al hombre, atribuyendo a este último todos los desajustes de nuestra organización. Es lo contrario del mito del hombre natural, en el cual el hombre es bueno y la sociedad es mala; por ello en algún período, esta última tesis fue sustentada como una crítica social y una tendencia renovadora y progresista.

Si tomamos el caso de la delincuencia, la guerra o la prostitución, el esquema planteado por esta antinomia individuo-sociedad las postula como resultantes de impulsos instintivos, primitivos o animales, que aún subsisten en todos los individuos y que, en un momento dado, sobrepasan las barreras del control y la represión cultural. El problema reside, realmente, en que la misma sociedad que reprime y prohibe la delincuencia y la prostitución y rechaza las guerras tiene contradictoriamente en su seno – los elementos causales de las mismas, en forma de componentes sociales irracionales, no dominados.

Hay una permanente y estrecha relación entre individuo y sociedad y sólo se puede comprender el uno por el otro; como seres humanos, dependemos en alto grado de la naturaleza, de nuestros semejantes y de la organización social para satisfacer necesidades.

 

7. Innato-adquirido

Es una antinomia en la que se ha concentrado durante mucho tiempo la investigación y la polémica, y que está muy relacionada con otras antinomias, como las de naturaleza-sociedad, herencia-aprendizaje, etcétera.

Todas estas contradicciones están acuñadas en el formalismo y en la falta de comprensión del proceso dialéctico, pero a su vez esto no ocurre únicamente como proceso intelectual o ideológico, sino que además enclava o se sustenta en la lucha entre el “fijismo” y las corrientes sociales progresistas; todas las posiciones y fuerzas en lucha por mantener el concepto de una naturaleza y una sociedad fija e inmutable, hecha ya de una vez para siempre, se adhirieron a las teorías que postulaban lo innato, mientras que todas aquellas fuerzas que propugnaban el mejoramiento y el progreso de la organización social pusieron el énfasis sobre el aprendizaje, lo adquirido, el cambio y el desarrollo.

 

8. El ser humano

En contraposición a los dualismos metafísicos de los cuales aún está impregnado todo nuestro conocimiento científico, la concepción dialéctica tiende a considerar en un primer plano la unidad e interdependencia de todos los fenómenos, y a ver todas las antítesis como fases o momentos de un proceso. De esta manera pierden vigencia las discusiones e investigaciones que aislan al ser humano, o tratan en forma abstracta una parte de sus manifestaciones, sin conexión con la naturaleza y su medio social. El ser humano puede ser entonces caracterizado por lo siguiente:

a) Su condición de pertenecer a una naturaleza muy peculiar: la humana. A partir del Renacimiento es cuando el hombre comprende que forma parte de la naturaleza, pero mucho más tardíamente acepta que forma parte, además, de una naturaleza distinta y muy particular; su condición de ser social hace que paulatinamente se estructure una síntesis integrada de naturaleza y sociedad, en la que esta última no es un factor superficial que modifica características transitorias o no esenciales del ser humano, sino que cambia profunda y sustancialmente la primitiva condición de ser natural, en el sentido de depender en gran parte, o totalmente, de la naturaleza.

b) Su condición de ser concreto, esto es, que pertenece a determinada cultura, a determinada clase social, grupo étnico, religioso, y que esta pertenencia no es casual o aleatoria, sino que integra su ser y su personalidad. Que no se debe estudiar la conciencia o la atención in abstracto, sino la conducta concreta de tal individuo o de tal grupo en tales condiciones concretas y en un momento dado.

c) Su condición de ser social, sólo por lo cual es un ser humano, que sólo llega a ser tal por la incorporación y organización de experiencias con los demás individuos; el conjunto de las relaciones sociales es lo que define al ser humano en su personalidad.

d) Su condición de ser histórico, tanto en el sentido individual como social, es el producto de un desarrollo en el cual emergen nuevas potencialidades, que no se dan de una vez para siempre en forma fija e inmutable. Este alto grado de desarrollo depende de una compleja organización de la materia viva y es reflejo de la estructura social en el más amplio sentido.

e) Porque el medio ambiente del ser humano es un ambiente social, del que provienen los estímulos fundamentales para la organización de sus cualidades psicológicas.

f) Porque no puede conocerse la condición del ser humano por pura reflexión; el conocimiento que se alcanza está, a su vez, socialmente condicionado.

g) Porque el hombre es el único de los seres vivos que puede pensarse a sí mismo como objeto, utilizar el pensamiento, concebir símbolos universales, crear un lenguaje, prever y planificar su acción, utilizar instrumentos y técnicas que modifican su propia naturaleza. Aun formando parte de la naturaleza, puede en cierta medida ser independiente de ella. Todo esto está en estrecha relación con su posibilidad —distinta a la de todos los animales— de producir sus medios de subsistencia.

h) Que la producción de esos medios de subsistencia crea la matriz fundamental de todas las relaciones humanas.

 

 

Bibliografía

Las referencias completas de las citas bibliográficas de cada capítulo se encontrarán en la bibliografía general que se inserta al final del libro.

Brown, J. A. C.; Buber, M.; Cassirer, E.; Dujovne, L. Engels F. (e); Favez Bouto-nier (a); Foucault, M.; Goldstein, K. (a, b); Groethuysen, B.; Kardiner, A.; Marx, C. (a, b); Marx, C, y Engels, F. (a);Merleau Ponty, M. (b); Plejanov, J.;Politzer, G. (a); Rosenthal, M.